He dejado de escribir lo que siento y lo que no. Los instantes, más que en la palabra escrita, quedan en los aromas, los sonidos, las formas, los colores, las texturas... en el sabor de un hoy es siempre y nunca más.
Un día, mientras caminaba por el cielo, me encontró la hoja que mostraba hacia adelante.
Sabía que llegando a la tierra debía buscarla.
Dos días pasaron, me escribió en la tierra. Esa misma tarde le entregué la hoja, el futuro y mi corazón.