Tengo unas ganas terribles de conversar. Como cuando no necesitábamos más que conversar y sentirnos cerca.
Esa escucha que mira, que entiende, que hace preguntas, pero que escucha.
Consulte su saldo hasta invalidar las cosas. Luego dé una media vuelta y salga disparadamente por un tubo.
lunes, 12 de noviembre de 2018
miércoles, 19 de septiembre de 2018
A veces vuelvo
En los últimos meses, quizá en este útlimo año he tenido más pregunta que durante la suma de todos mis años de vida y para sorpresa de muchos las respuestas se han ido asomando de a poquitito.
Yo no sé muy bien qué es lo que termina por estar demás cuando te conviertes en mamá, pero no está demás decir que te conviertes en un ciclo vital por si sola. Mucho de lo que hay o había en ti se muere para dar nacimiento a lo que había justamente abajo de la mesa, de paso te deboras todo lo que te dicen y a su vez lo aprovechas de vomitar, creces, engordas y se reproducen tus dudas, tus misterios y el amor por esa mini persona.
En este último año de andanzas me ha pasado de todo, litaralmente de todo y del todo rescato haberme convertido en esa versión más práctica y más a contratiempo que nunca. (Hace poco alguien me definió así y yo sin haberlo pensado nunca antes sentí que mejor calce no pude haber tenido).
Me detengo seguido a pensar en que los tiempos modernos son la verdadera gran estafa piramidal y cada uno de nosotros no duda en seguir comprando los quesitos a ojos cerrados. La cosa es tremenda.
Ser madre es lejos los más hermoso , crudo y real a la vez. Hermoso porque tu hijo es encantador y lo amas incodicionalmente, crudo porque te das con la pared de frente cada vez que piensas en lo mal pelado que está el chancho, y real porque todo pasa aquí y ahora, las conexiones, los arrebatos, los sueños y la piel.
A veces me voy y tardo en volver, hoy por ejemplo.
Yo no sé muy bien qué es lo que termina por estar demás cuando te conviertes en mamá, pero no está demás decir que te conviertes en un ciclo vital por si sola. Mucho de lo que hay o había en ti se muere para dar nacimiento a lo que había justamente abajo de la mesa, de paso te deboras todo lo que te dicen y a su vez lo aprovechas de vomitar, creces, engordas y se reproducen tus dudas, tus misterios y el amor por esa mini persona.
En este último año de andanzas me ha pasado de todo, litaralmente de todo y del todo rescato haberme convertido en esa versión más práctica y más a contratiempo que nunca. (Hace poco alguien me definió así y yo sin haberlo pensado nunca antes sentí que mejor calce no pude haber tenido).
Me detengo seguido a pensar en que los tiempos modernos son la verdadera gran estafa piramidal y cada uno de nosotros no duda en seguir comprando los quesitos a ojos cerrados. La cosa es tremenda.
Ser madre es lejos los más hermoso , crudo y real a la vez. Hermoso porque tu hijo es encantador y lo amas incodicionalmente, crudo porque te das con la pared de frente cada vez que piensas en lo mal pelado que está el chancho, y real porque todo pasa aquí y ahora, las conexiones, los arrebatos, los sueños y la piel.
A veces me voy y tardo en volver, hoy por ejemplo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)