caminando por los meses, conocieron gente bella.
gente buena.
gente fea.
gente a punto de no ser gente.
se tomaron un suspiro.
la pansa aguantó los llantos algunos días.
la risa, muchos
la melancolía, unos pocos.
disfrutaron ver pasar la rabia entre los ojos.
comieron pocas pastas de sandía y brindaron menos días que hace años.
ahora se encuentran, se hallan dos.
se hallan en un mismo bolso, en un mismo sueño, en un mismo andén.
Felices, felices, pero sin comer lombrices y aun menos, perdices.
Extrañando algunas fotos de ayer, de la pasada coca-cola
de la pasada defunsión.
se extrañan.
pero no tanto, no tanto como para devolver las amapolas.
no tanto.
en lo silvestre y en el cemento no hay retorno.
el retorno no está.
se queda.
en un taxi se quedan las pulgas y los malos ratos.
olvidaron el equipaje cargado de fanfarrones, cargado de regalos mal recibidos.
atrás.
partió el taxi y se lo llevó.
si no vuelve, ellos mismos buscan manos para aplaudir, para hacer señas
y sombras.
se van.
pasan al otro carro, cada uno con igual sombrero, con los abrigos y el traje de baño a flor de piel.
cada uno entusiasmado
cada uno con su invalidación portátil esperando el retorno.
a las doce se abrazaron y dieron golpes de alegría, en la razón uno es a uno, como uno a infinito, como uno más uno es dos.
son dos.
en un banco leen juntos.
ni en la razón ni en lo sonoro.
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