Algunos se caen y botan de paso a los más chicos.
El abono no es suficiente como para mantener a todos en pie.
El abono escasea.
También las plagas de orgullo encubierto azotan el este oriental de la Tierra. Sin más ni menos mirar poco a poco los árboles se paralizan y no pueden florecer más.
Pasaron unos años y cada vez que salgo al jardín los veo tal como quedaron en los años 30.
Por lo pronto, el tiempo hará crecer nuevos cipreses, menos contaminados, menos a la vista como para ser derribados por bacterias de mala espina.Mientras, me preparo para cuidar que mis árboles no se caigan y que no los boten.
Yo no los boto. No, yo no.
Algunos se caen solos.
Yo los recojo y los riego.
Yo los protejo de la brisa que los quema y los seca en un abrir y cerrar de "hojas".
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