No es cosa poca soñar el día de libro con los 3 últimos libros que han pasado por mi mesa.
Si el orden en que me los regalaron era exacto, entonces la escena era digna de inmortalizar.
Al primero, no lo quise ni abrir (me contaron que la película tampoco era muy buena).
Al segundo, lo leí de paso y solo porque me llenó de intriga encontrarme con algo que daba por perdido; sin embargo, lo textos eran los predecibles de una y otra vez... el arme y desarme de la explicación.
Al tercero, lo pude sentir. El tercero eran esas páginas que no las daba por escritas. El tercero era el único que realmente me importaba abrir y memorizar cada intención detrás de la palabra.
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